En
los años de 1918 o 1919, no recuerdo con certeza, se asociaron mi tío Antonio y
mi papá con Damián Abad y abrieron nuevamente la firma “Las Fábricas
Universales Quintana y Haces”, estableciéndose en la esquina de las calles
Aduana y Francisco I. Madero en Tampico, en párrafos anteriores relato de esa
negociación hasta que se quemó y desapareció.
Cuando
las fuerzas Constitucionalistas tomaron Victoria, venía entre ellos el General
César López de Lara, ocuparon la casa de mis abuelos como residencia y al darse
cuenta el citado General, lo bonito y bien provisto que estaba el cuarto de
juego de los niños, dio la orden de que así lo conservaran.
En
la entrada a la casa, el piso después del zaguán era de mosaicos, la tropa
entraba a caballo pues tenía un patio muy grande, pero al pasar se resbalaban y
caían y resolviendo picarla con cinceles y zapapicos, a mi me consta haberla
visto en esa forma.
Después
de Laura, nació el 17 de Marzo de 1908 mi hermano Manuel, era muy bueno y
obediente y Laura rebelde y traviesa. Una Navidad o Reyes Magos, no sé con que
día se usaba para traerles a los hijos algo o todo lo que ellos habían pedido
en la carta dirigida a Los Reyes o Santa Claus.
La
costumbre de Santa Claus, el 24 en la noche, fue copiada por nosotros a
nuestros “queridos vecinos”, los gringos.
Como
habían tenido problemas con Laura por su comportamiento, a ella le dejaron unos
sacos con carbón como reproche y a mi hermano Manuel, parte o todo lo que él
había pedido.
En
la madrugada, Laura se levantó y al ver lo anterior, cambió los sacos a Manuel
y los regalos a ella. Al despertarse Manuelito y ver lo anterior, fue con mis
padres y ante esa situación le dijeron que debía ser un error, que en la noche
dejara los costales y Diosito se los cambiaría y así fue y asunto arreglado.
Al
venirse mi familia a radicar a Tampico, dejaron a Laura internada en el colegio
que estaba, hasta terminar su carrera que fue tenedora de libros. Con el tiempo
que estuvo en el Colegio Francés, hablaba perfectamente ese idioma.
Ella
venía cada vacaciones grandes, que eran en Noviembre y Diciembre, pues en
México era diferente el calendario escolar. Cuando venía salía por tren a San
Luis Potosí, Tampico y Victoria, era un acontecimiento, arreglar la casa,
limpiarla y lavarla. Alcanzaba lo anterior al “Otelo y la Galatea”, perros que
había en la casa y hasta a ellos les tocaba baño y entonces a cerrar las
puertas de los cuartos, pues al sentirse mojados, se iban a revolcar en las
camas y las enlodaban todas.
Una
ocasión la llevaron a pasear a la Hacienda La Loma, se dio cuenta que había
muchas monas de maíz secándose, pues era la forma de que las mazorcas de dicho
fruto se secaran. Preguntó si lo hacían para luego quemarlo, provocando
risotadas, pues el fin, luego secas, las mazorcas se desgranan y los tallos y
las hojas de la planta, como alimento del ganado.
En
esa época vivíamos en una casa ubicada en la esquina sureste de la calle Colon,
hoy llamada Hidalgo, donde actualmente se encuentra el Comité Municipal del
PRI.
Laura
se radicó en esa teniendo varios pretendientes, entre ellos el último, Manuel
Antonio Campo Fernández, nacido en Burgos, España, quién tuvo los siguientes
hermanos: Eduardo, Nicasio, Ramón y una hermana. Su hermano Ramón vino a
Victoria y con ese motivo se vinieron todos los hermanos. Manuel regresó a
España para cumplir con el servicio militar y al terminarlo regresó nuevamente
a esta.
Sus
padres se fueron a radicar a las provincias Vascas, aunque él era de Burgos,
platicaba Manuel que había realizado los primeros estudios de la carrera de
Ingeniería Civil. Enviudó su madre y lo envió con una tía radicada en Madrid
que tenía una ferretería, en donde estuvo, hasta que se vino a esta ciudad,
Manuel era por su forma de ser un madrileño.
Recuerdo
yo de él unas canciones de Baracaldo que a continuación trataré de recordar
totalmente, una de ellas decía:
Antón
no vayas al río, porque en la rivera hay un hombrón con un camisón que a los
niños lleva. Música y todo traemos el chisto y pastoril que el equipo de
Astaguerri al Garnica derrotó.
Al
llegar a esta ciudad, pretendió a mi hermana Laura y después de un noviazgo,
fueron a Laredo y San Antonio, Texas, en compañía de mis papás y yo que tenía 6
meses de edad, para celebrar su matrimonio, pues en esta era el año 1927 o
principios de 1928, las iglesias estaban cerradas por culpa persecución
realizada por el gobierno, cuyo presidente era el Gral. Plutarco Elías Calles.
Por
esa causa a mí me bautizaron disque de escondidas en la casa de la familia
Núñez de Cáceres y aprovechando el viaje a EEUU, me confirmaron religiosamente
en San Antonio, Texas.
Pasaron
los años y alrededor de los cincuenta, pregunté en un consulado yanki, si me
serviría eso para tener derechos en ese país, me indicaron que sí, pero que
tendría que cumplir con mis obligaciones con ese país, en esa época estaba la
guerra de Corea y preferí ahí dejar el asunto, no fuera a ser que me mandaran a
combatir a ese país.
Después
de este paréntesis seguiré con la vida de ellos. Se radicaron en esta Cd. y
Manuel adquirió camiones materialistas, para dedicarse a ese negocio, de aquí
se fueron a Torreón. Antes de irse nació el primogénito de ellos, Manuel Antonio
Campo Haces, el 9 de Enero de 1929.
Como
mi padre se había asociado con mis tíos Benito y Ricardo y Villa Juárez, hoy
Cd. Mante, empezaba a crecer rapidamente, pensaron poner una sucursal en ese
lugar poniendo a Manuel como encargado de la sucursal.
Desgraciadamente
el negocio no funcionó como pensaban.
Y
en esta, en la casa de mis abuelos maternos, construida por mi abuelo, en la
esquina suroeste de la calle Hidalgo y 17, donde habían nacido mis hermanos
Laura, Manuel, Francisco y Miguel Angel. Después de la revolución la habían
alquilado a la familia de Francisco Arreola, donde establecieron un hotel al
que le pusieron “Palacio”, por estar frente al Palacio de Gobierno. Se les
pidió y ese negocio lo emprendieron Manuel y Laura, por los años de 1931 o
1932. Continuaron con ese negocio y el 23 de Marzo de 1935, nació su segunda
hija, a la cual se le impuso el nombre de Laura Guadalupe.
Por
el año de 1937, alquilaron una casa ubicada al lado poniente de la calle 20
entre Hidalgo y Juárez. El negocio prosiguió y fueron construidos varios
cuartos más y el restaurant. El 16 de Abril de 1938, nació el tercero de sus
hijos, Eduardo Francisco.
Mi
padre tenía la idea de comprar las dos partes restantes de la herencia de mis
abuelos, o sean las partes de los Zorrilla Rodríguez y los Govela Zorrilla.
Estaba arreglando un préstamo con un banco de ahorros, cuando sobrevino su
muerte el 1° de Septiembre de 1943. Mis hermanos y mi mamá, tuvieron miedo de
que si conseguían el préstamo, no se pudiera luego pagar; y decidieron no
continuar con los trámites.
Mi
padre era el albacea de la sucesión, al morir él, había necesidad de nombrar
otro; fue nombrado mi primo Antonio Govela Zorrilla, con la salvedad de que
únicamente se concretó a cobrar las rentas, sin pagar las contribuciones.
Con
ese motivo el Gobierno del Estado, en ese tiempo gobernador don Magdaleno
Aguilar y tesorero un cuñado del Lic. Portes Gil, que era Guillermo García,
simularon un remate y se le adjudicó esa propiedad a Guillermo García, mis
hermanos Pachín y Miguel, se dieron cuenta de lo anterior de lo anterior y se
pagó el adeudo para nulificar el remate.
Ante
esta situación y pensando que luego volvería a suceder lo mismo, se decidió
vender las propiedades que era donde estaba el hotel y un solar contiguo que
después fue el edificio de los masones.
Se
buscaron clientes y uno de ellos don Bernardo Loperena, ofreció $60,000.00 y
comprar todo el mobiliario del hotel que era de Laura y Manuel en $20,000.00,
mi cuñado le indicó que la proposición se hiciera por escrito, a lo que
contestó don Bernardo, que entre caballeros no había necesidad de eso que la
palabra era lo que contaba. Se hizo la venta y al venir Manuel para tratar lo
concertado, respecto al mobiliario y demás cosas, don Bernardo le indicó que él
no había hecho ninguna promesa, que si quería le daba $10,000.00, o sea la
mitad de lo ofrecido. Manuel ante esta situación de coraje, quiso sacar todo lo
que era de él y destruirlo, mi hermana Laura lo disuadió y lo convenció de que
no había otra salida, que aceptara su ofrecimiento de don Bernardo. Con el
dinero que le dieron y aparte como era distribuidor exclusivo de Cerámica
Industrial el Águila, fabricantes de azulejos, los aportó a la sociedad Manuel
Haces S. en C. Sucesores, abriéndose una cuenta en el Banco Ganadero, S.A. que
era el otro banco aparte del Banco Mercantil de Tamps. S.A. Desde esa fecha,
Manuel no quiso volver a cruzar palabra con don Bernardo y la vez que iba a
comprar algo, él se metía a la bodega y yo era el que lo atendía.
De
esa época les platicaré una anécdota que me sucedió con don José Hinojosa
Silva, él había trabajado con mi papá en la casa Quintana y Haces, tenía muchos
terrenos con henequén y le producían bastantes utilidades, con ellas casi
siempre compraba y reparaba las casas que tenía. Un día fue a comprar bisagras
y chapas para las mismas, las cuales estaban marcadas con una clave para saber
el costo, la cual era ARGENBLICK, es decir una letra para cada número, al
verlas inmediatamente se dió cuenta del costo y me dijo que nos ganábamos
mucho, lo cual era cierto pues era la época de la Segunda Guerra Mundial y lo
que batallábamos para comprar, lo marcábamos con una utilidad alta, no tuve que
contestarle y le bajamos el precio de venta. La siguiente vez que fue de
compras, no me quedó mas remedio que hacer que me sudaran los dedos de la mano
y borrar el costo, para que no se diera cuenta al revisar el producto y ver el
precio, al darse cuenta como había borrado el costo me dijo: “ah, muchacho tan
aguzado, tú llegarás a ser algo en tu vida”.
A
propósito de las ganancias que teníamos, hubo una extraordinaria, teníamos
hecho un pedido a EUA, a una fábrica de brocas para madera, los artículos que
nos enviaban de ese país, tenían que traer un permiso de exportación, cosa casi
imposible, pues poco verdaderamente muy poco los otorgaban.
Nos
llegó la mercancía, la colocamos en el aparador con los precios que acordamos
que era 4 veces el costo, al poco salió un cliente de la Cd. de México y así
como él otros más que compraban toda la existencia a esos precios, acordando
nosotros no hacerlo, pues primero era nuestra clientela.
Manuel
y Laura estaban a cargo del negocio, nadamás que al comprar yo era el que
asesoraba y decía lo que necesitabamos. Los cálculos del costo de las
mercancías yo los realizaba en un libro hecho por mi papá. Se ponía a cada
anotación un número progresivo que era la orden de entrada, a continuación el
nombre, lugar, No. De factura y fecha del proveedor. Después se vaciaba en una
columna la factura. A continuación tenía otras columnas que eran tipo de
cambio, para los productos extranjeros, se calculaban y se ponía el precio
nacional. Había otra columna para los derechos de importación, marcando el
número que indicaba la Ley Aduanera la tarifa correspondiente, prorrateándola
de acuerdo al producto. En un principio la tarifa era por Kgs. Y después por
Kgs. Y advalorem, que se calculaba por el mas alto del mercado por las
autoridades y el de la factura. Otra columna eran los gastos que hubiera como
honorarios del agente aduanal, propinas, telefonemas, telegramas, etc., se
sumaban y de acuerdo con el valor de cada producto se repartía. Y por último el
flete que se calculaba de acuerdo con el peso de cada artículo. Como último, se
sumaba todo lo anterior y salía el costo exacto. Las personas de otros negocios
de otros lugares del país, se quedaban asombrados de la forma de hacerlo, pero
vuelvo a repetirlo, era una obra de mi papá.
El
lema de la casa era precios fijos, lo cual cuando venían rancheros a comprar,
muy acostumbrados a regatear, por la costumbre árabe o propia, uno le decía al
otro: “ya no regates, aquí tienen palabra de rey”.
Después
de batallar mucho con ese problema, yo tenía que hacer cuentas enfrente del
cliente y me enseñé a hacerlo con las letras de la clave, para que no se dieran
cuenta ellos. Todavía a la fecha, las puedo hacer en una forma rápida.
Recién
muerto mi padre, me inscribí en la escuela bancaria y comercial, para continuar
mis estudios, pero francamente el trabajo en el negocio era mucho, pues a veces
en la noche me llevaba a mi casa el libro de cálculos, para seguir trabajando y
me era imposible tener tiempo para el estudio, por lo que tuve que dejarlo y
hacerlo en una forma autodidacta. También leía mucho, lo cual me sirvió en mi
preparación.
Seguimos
trabajando en esa forma hasta el 14 de Mayo de 1945, Manuel no fue a trabajar,
pues se sentía mal del estómago, yo lo choteaba diciéndole que por haber comido
mucho eso le pasaba, no imaginando de lo grave que era el asunto.
En
la noche de ese día, como a las 8, le empezó un dolor muy fuerte en el pecho,
que era el principio de angina de pecho, luego llamamos al doctor y fue Felipe
Valdez Ramírez, que luego sería mi suegro y recetó unas ampolletas que se olían
y se pasaba o aminoraba el mal. Fuimos Manene y yo a la Botica Francia en el
automóvil de Manuel que era marca Hudson, no las tenían en existencia y
regresamos rápido a la casa y ya había otros médicos y entre todos, en virtud
de no haber esa medicina que no era la adecuada, recetaron otra; volvimos a ir
los dos a la botica y cuando regresamos ya Manuel había muerto.
Lo
velamos en la casa del 21 Hidalgo donde vivíamos mi mamá y yo así como la
familia Campo Haces. Al otro día en la tarde, se sepultó en el Panteón
Municipal, donde están mis abuelos maternos y otros miembros de la familia.
Se
siguió trabajando en la misma forma hasta 1947, en que se disolvió Manuel Haces
S. en C. Sucesores, formándose dos negocios: Casa Campo, de Laura y Manuel
Haces Zorrilla, que tuvimos que habilitar por mi edad, pues era menor, ya que
la mayoría de edad en ese tiempo eran 21 años.
Yo
me quedé con el ramo de ferretería, bandas y estufas, ella con material
eléctrico, loza y cristalería. Las cuentas por pagar y cobrar yo las absorví,
las por pagar todas se cubrieron y las por cobrar muchas se perdieron.
Manene
estaba estudiando en el Tecnológico de Monterrey cuando vivía Manuel, estaba
interno en una casa vieja ubicada en la Avenida Hidalgo de esa ciudad. Un día
se enfermó de paperas y se vino a esta ciudad, se quedó dormido en el autobús y
desde el Mante Pepe Sainz lo devolvió hasta acá. Y cosa curiosa, todas las
enfermedades de la niñez, como sarampión, etc. nos dieron juntos a él y a mí,
naturalmente pues siempre andábamos juntos. Pero esta enfermedad a mi me dio al
mismo tiempo que a él, que tenía como 2 meses en Monterrey.
Nos
acostaron con la salvedad de que no podíamos levantarnos, pues se corría el
riesgo de que nos hiciéramos estériles. Empezábamos a fumar y no había manera
de hacerlo, sino cuando Manuel nos iba a visitar y arrojaba una colilla y tan
pronto se retiraba nos arrojábamos los dos a recogerla.
El
Hotel Palacio tuvo varios encargados del restaurant, entre los que yo recuerdo
a Grajeda, que le llamaban “el Huatusco”, por ser originario de ese pueblo
Veracruzano. Gervasio Sánchez, un español que se lo trajo Manuel de Mante,
donde tenía un restaurant. Lo recuerdo siempre fumando un puro y casi de
continuo tomándose una copa, aunque nunca se emborrachaba, hacía muy sabroso de
comer.
Eduardo
Campo Haces no lo podía ver por sus bigotes y el puro y le pedía a su papá que
lo matara.
Manene
y el suscrito ayudábamos doblando las sábanas limpias para guardarlas, así como
los jabones y demás utensilios de cocina. Íbamos a la cocina y cogíamos varios
huevos subestrisiamente para que nos los cocinaran alguno de los dos cocineros
que tenían. Uno español apellidado Blanco y uno mexicano llamado Antonio. Que
por cierto una vez tuvieron una dificultad y se iban a pelear con cuchillos, intervinieron
Manuel y Laura y lograron apaciguarlos. También trabajaban meseros, que
recuerdo, Chavira y Antonio y varios camareros y camareros.
Como
cosa curiosa, uno no sabía escribir y al pagarle le decían que pusiera su
huella digital, a lo cual se oponía y nunca lo hizo pues alegaba que cualquiera
podía ponerla y que ya le dirían que le habían pagado; se le explicaba
ampliamente que cada huella digital era diferente y no comprendía y firmaba con
una cruz.
Le
ayudaba un empleado de confianza, pariente de Manuel, llamado Manuel Llarena,
de Cd. Tula, tenía un cuarto especial, en el que nosotros teníamos un trapecio,
punching bag y otros artefactos de esa naturaleza.
El
cuarto de Manuel y Laura estaba al final del primer del primer piso, lado sur y
estaba dividido en dos porciones, en una estaban Manuel, Laura y Laurita y en
la otra Manene y yo.
Aclaro
que yo viví mucho con ellos, pues mi mamá estaba enferma de cataratas y otros
padecimientos de los ojos y se iba a curar a México, pues en esta no había
oculista. Posteriormente en 1936, estuvo un año continuo y me llevo a mí con
ella, posteriormente, les platicaré lo sucedido en ese tiempo.
Para
subir agua al segundo piso, lo hacían con una bomba accionada a mano, a veces
íbamos a ayudar, nada más que luego luego nos cansábamos.
Llegaban
muchos agentes viajeros y mi papá les pedía que llegaran al hotel para poderles
comprar. Los otros hoteles de la competencia eran El Victoria, propiedad de la
familia Martínez Gómez y El Modelo, propiedad de un turco, como les decían en
ese tiempo a los árabes por formar parte del Imperio Turco.
Allí
habitaba también el papá del dueño árabe también, ya viejo, que nos llamaba la
atención como tomaba pues lo hacía a través de un depósito de agua. Era un
hotel de dos pisos, lo ampliaron a tres, que fue el primero en la ciudad en
serlo y como curiosidad, creo fue donde se practicó por primera vez el
condominio, al lado poniente había una construcción, de Don Daniel de la
Lastra, en la esquina de la calle 10 Hidalgo y como el Sr. Manzur necesitaba
ampliar, le compró el aire de su último piso y allí construyó otro piso del
Hotel Modelo.
En
el año de 1970, la firma de Laura Haces viuda de Campo, se cambió su razón por
el de Casa Campo de Victoria, S.A. de C.V. y posteriormente se organizó la
sociedad de PLOFISA, que significan las iniciales: Plomería, fierro y
sanitarios, este negocio lo atendía Eduardo y funcionaba dentro del mismo local
de Casa Campo de Victoria.
Mas
adelante compraron la esquina sur-poniente de la calle Hidalgo, propiedad de
María Teresa Zorrilla Vda. De Gójon. La misma fue vendida mas adelante y con el
producto compraron a Alejandro Zorrilla la esquina de la calle 8 y Mina, lado
noreste, en ese lugar construyeron dos locales, que fueron inaugurados primero
el de la Casa Campo y posteriormente el de PLOFISA, ubicados el segundo en la
esquina y el primero por la calle 8. El local viejo de Hidalgo y 10, continuó
funcionando por un periodo al mismo tiempo que los anteriores hasta que fue
cerrado.
Manuel
Antonio se casó el 9 de Enero de 1956, en la Cd. de México, con Alicia Morales
Canfield, tuvieron los siguientes hijos: Manuel Antonio, Rubén Fernando,
Eduardo, Luis Miguel, Carlos, Rodrigo, Jorge y Alicia Mayte. Casi todos casados
actualmente.
Laura
Guadalupe se casó con Arturo Le duc Zandall, tuvieron los siguientes hijos:
Arturo, muerto a los pocos meses de nacido, Laura Guadalupe, Arturo, los
gemelos Ricardo y Juan Manuel y Carlos. Casi todos casados actualmente.
Eduardo
se casó con Patricia Filizola González en esta ciudad y tuvieron los siguientes
hijos: Patricia, Manuel Antonio, Eduardo y Marcela.
El
segundo hermano de mi familia Haces Zorrilla, fue Manuel, que en párrafos
anteriores lo he mencionado hasta su muerte en Veracruz el año de 1914.