Como
la afición a la bebida de mi primo aumentaba, mis primas Chole y Luz, que
vivían en Torreón con sus esposos, Chole casada con el Dr. Garibaldi y no
recuerdo Luz con quién, optaron por llevarse a Ricardo de México a Torreón, le
consiguieron un trabajo en un aserradero cercano a esa ciudad, como el mismo
estaba, creo yo, en la serranía de Durango, estado vecino de Coahuila, no había
forma de que él tomara, pero cada vez que tenía oportunidad, se venía a Torreón
y caía en el mismo vicio o enfermedad del alcoholismo, así sucedió por algún
tiempo hasta que falleció muy joven.
Cuando
la boda de Pacho y Carola, hijo él de mis hermanos Lidia Gloria y Pachín, la
recepción se celebró en el Centro Español, ubicado en ese tiempo en el centro
de Tampico, fue mi tío Ricardo y otros familiares, entre ellos Pepe Sainz
López, hijo de José Sainz Larumbe, quién al calor de las copas que traía Pepe, se
quiso pelear con mi tío Ricardo, lo cual era incomprensible por la forma tan
atenta y educada que tenía él, logramos controlar a Pepe y la celebración
siguió, como que nada había sucedido.
En
Puertas de Riego, en Asturias, hay una casa que fue propiedad de mis abuelos
Manuel y Matilde, y como he narrado en otros párrafos anteriores, son muy
afectos a ponerles nombres a las casas, a esta la llamaban: “La Casona”, no sé
si en la actualidad conserva el nombre, aunque supongo que sí. Al fallecer mis
abuelos, se fue a vivir a ella mi tía Francisca Quintana Madrid, y vivía con
ella una señora, Manola, que tenía un hermano que radicaba en La Habana, Cuba,
y que por el trabajo realizado durante su vida, tenía una posición financiera
desahogada, al fallecer mi tía Francisca, continuó en dicha casa Manola
González Quintana, que así se llamaba y ofreció comprarla con la ayuda de su
hermano. Pachín mi hermano, que era por ser el hermano hombre mayor, de la
familia Haces Zorrilla, nos consultó a todos los que éramos una parte de los
herederos, así como a los Haces Gil y las Haces Tortella, si estaban de acuerdo
en venderla a lo cual todos accedieron. Pachín en un viaje que hizo a España,
se encargó de arreglar legalmente la situación de La Casona y después venderla,
yo conservo ya que me la dio él, una copia certificada del testamento de mi
abuelo Manuel. Total, arregló la situación legal y procedió a venderla. Como en
ese tiempo no se podía sacar efectivo de España, dejó depositadas las pesetas
en un banco y vendiendo las pesetas allí depositadas a algunas personas que
fueran a viajar para España. Pero aún sobraba dinero, y en un viaje de mi tío
Ricardo a su tierra natal, le pidió que el saldo que aún había, lo utilizara
para comprar artículos españoles, pues eso sí permitían y cuando mi tío
regresó, entre otras cosas que traía, eran varios relojes pulsera y se procedió
a vender todo y junto con el dinero que Pachín tenía por la venta de las
pesetas a pesos, hizo tres partes para los herederos. Con la parte que nos tocó
a los Haces Zorrilla, se ordenaron decir misas entre ellas las Gregorianas, que
se celebran diariamente por un periodo largo. En todas las misas, la intención
de ellas era por el eterno descanso de las almas de mis abuelos.
Mi
tío Ricardo, con el correr del tiempo, dejó su trabajo y se fue a radicar a
Torreón, seguido venía a esta Cd. Victoria y visitaba a los familiares. Martha,
mi mujer, lo estimaba mucho, por su forma de ser, su fineza y su prestancia. Mi
tío, tengo entendido, murió en Torreón, ya cercano al centenario de su
nacimiento, creo sus restos estén en la misma.
De
mis primas, cuando la boda de Manene y Licha en México, el 9 de Enero de 1955,
estuvo Aurora, la menor de los Caldevilla Soldevilla, llamó mucho la atención
por su belleza y su arreglo, fue la última vez que la vi. A María de la Luz, la
volví a ver en la matriz de la firma de la Farmacia Benavides, andaba
promoviendo unos artículos de belleza. A Soledad no la he vuelto a ver desde
los años 40, tampoco sé los nombres de los hijos o si tuvieron las tres
hermanos, ya que Ricardo no se casó.
En
la Ciudad de México, con motivo de la Segunda Guerra Mundial, se congelaron las
rentas de las casas y como muchos otros, mi tío Ricardo tenía subarrendada la
mitad de su residencia, casi por la totalidad, que él pagaba por la renta
congelada.
Mi
tío José Haces Madrid, padre de José María, Juan Antonio y Benito, nació en
Puertas de Riego el 29 de Febrero de 1880 y murió en Madrid el 20 de Marzo de
1953, casó con mi tía María Gómez del Torno, que nació en México, D.F. el 2 de
Octubre de 1883 y murió el 8 de Diciembre de 1946 en Madrid. Tuvieron tres
hijos: José María, Juan Antonio y Benito.
Cuando
estuvimos mi mujer Marta, mi hijo Manuel y yo, en la casona, nos dio la dueña
actual varias fotos, entre ellas de mi tío José, aquí conservo la foto en esta
y otras donde él aparece.
Después
de terminar la construcción del nuevo Palacio de Gobierno y su inauguración, el
encargado de la obra, Arq. Enrique L. Canseco, esposo de mi prima María
Purificación Quintana Terán, se fue a dar un paseo por Europa en compañía de
Marcelo.
A
propósito de Marcelo, un poco antes de inaugurar el palacio, hubo una
exposición de pinturas, entre ellas había una cuyo nombre era.
“estudiante judío”, realizada por el arquitecto y al verla detenidamente, se
daba uno cuenta que era una pintura de Marcelo Canseco.
En
Europa visitaron Francia y España. En Madrid trabajaba en un banco mi primo
Benito y se hizo muy amigo de Marcelo, aunado al parentesco con él. Se
corrieron varias juergas juntos y cuando regresaron a México, dado que Benito
tenía deseos de radicarse en este país, el arquitecto le pagó el boleto y le
ofreció que se fuera a trabajar con él en un rancho henequenero que tenía en el
municipio de González. Después de trabajar en ese lugar se trasladó a Tampico.
Aparte le vendía a mis primos Ricardo y Pepe, mosaicos de la casa Mosaicos de
Victoria. También Manene le dio la representación para que le vendiera material
eléctrico.
Poco
después se vino a radicar a esta y un hecho sucedido el 21 de Marzo de 1953, se
los narraré: Ese día, aparte del comienzo de la primavera, es el santo de los
Benitos, como Marta y yo nos íbamos a casar en unos días, fue con sus papás a
Brownsville a comprar entre otras cosas, algo de ajuar para nuestra próxima
casa. Con ese motivo me quedé sin la compañía de mi novia Marta, que yo como
hasta la fecha la llamo, mi güerita ojos de caramelo. Benito quería conocer la
cerveza de barril, recorrimos varios bares y uno en la calle 8 entre Guerrero y
Bravo, la encontramos, nos tomamos dos barriles y en eso se hizo de noche y
Benito estaba invitado a cenar con nuestro mutuo tío Benito y Manene y yo a ir
a cenar a nuestras casas. Salimos del bar, dicho anteriormente, veníamos
caminando por la calle 8 (Juan B. Tijerina), que en ese tiempo tenía doble
sentido el tránsito, cuando llegaron mis suegros y mi novia Marta en ese
tiempo, no nos dijo mas que una palabra, borrachos.
En
otra ocasión estabamos con Benito e Irma su esposa, diciendo que todos los
Haces eran del pueblo de Porrúa en Asturias y mujer lo que nos dijo, que éramos
del porrón y no de Porrúa.
Benito,
después de estar un tiempo en Tampico, se vino a radicar a esta, viviendo una
temporada en casa de Laura y otra en la casa de mi mamá.
Cuando
Manene se casó en México, yo pareciendo judío, no quise cerrar la ferretería y
se la dejamos encargada a Benito, que abriera, cerrara y atendiera esos días el
manejo de la misma.
Voy
a decir una cosa que traigo muy dentro, Benito fue pienso, liquidado del
negocio Benito Haces y Cía, S.A. de C.V., al poco tiempo con parte del edificio
se establecieron los negocios dejando una pequeña parte para el negocio
original.
Benito
ha sido presidente del Club Campestre Victoria, A.C., del equipo de fútbol
Cuerudos ya desaparecido y otros cargos en consejos de toda índole.
Actualmente
está retirado de los negocios y yo guardo un gran agradecimiento a él y su
familia, también a las Haces Zorrilla, pero principalmente a mi hijo Manuel,
que fue el pivote máximo para la celebración de la convención Haces Madrid,
efectuada en el Club Campestre y el Casino.
Gracias
a Benito, a Humberto Filizola, los Haces Guillén, los Haces Montemayor, en fin
si alguno olvide, disculpen. En la revista del Campestre aparece una reseña de
la misma con fotografías. Vinieron familiares de Tampico, Torreón, Matamoros,
Saltillo y sobre todo de esta ciudad.
Gabriela
hija de María Enriqueta ofreció que en Junio celebrarían otra en Torreón.
Desgraciadamente no tuvo la cooperación que aquí tuvimos todos y le avisó a mi
hijo Manuel que la iba a suspender pues ella no podía realizarla sola.
Con
Benito e Irma, mi mujer y yo, así como nuestros hijos y nietos, hemos llevado a
través del tiempo una relación muy afectuosa y de los primos, creo que son de
los que mas estimamos, así como otros pocos.
Benito
se casó con Irma Saleh Gattas, su papá curiosamente tenía un negocio de
comandos, para ir al Chorrito, en una casa ubicada en una esquina de la plaza
principal de Hidalgo, esa casa era así como otras, de la sucesión de mis
abuelos Francisco y Fortunata. Mi madre influyó mucho en que se le vendiera a
él, pues el apoderado de mi primo Antonio Govela Zorrilla, que fungía como
albacea, era el Lic. Tercero y quería venderla a otra persona, aunque no puedo
afirmarlo con certeza, los otros interesados lo hacían con objeto de eliminar
al Sr. Saleh, pienso que al apoderado le daban una participación. Se llegó a
una situación difícil que Rodolfo García Zepeda, que tenía una botica y ejercía
como médico, en la acera de enfrente de los comandos, vino a esta ciudad y en
una discusión fuerte y agria, con el Lic. Tercero, logró que la otra parte se
disuadiera de comprarla. En agradecimiento a esta atención, cada vez que mi
mamá iba a Hidalgo, ponía a su disposición un comando, para que la llevara
hasta donde ella quisiera, aún hasta El Chorrito.
Benito
e Irma tuvieron tres hijas: Irma, Lourdes y Rocío.
El
hermano mayor de Benito es José María, tenemos una foto muy bonita de él y Juan
Antonio, que yo veía de niño en el álbum familiar. La primera vez, cuando lo
conocí personalmente, fue cuando en compañía de su esposa María del Pilar, los
invitó Benito a venir de visita a esta ciudad, platicamos mucho con él en la
cena que les dio Benito e Irma para identificarnos.
El
año de 1986, volvió a venir con motivo del campeonato de fut-bol y se asombraba
de la cantidad de Haces que había aquí y en Tampico, pues en cada lugar le
hacían una cena y decía él que se aparecían hasta por el tiro de la chimenea.
El
año de 1979, mi mujer y yo fuimos a Inglaterra, precisamente a Londres, pues en
un lugar cercano, estaba estudiando nuestro hijo Manuel, en Cranfield, Bedford.
De Londres volamos a Madrid, mi primo José María nos invitó a comer en su casa
ubicada en la calle Portugal, un Miércoles Santo, el mismo día salimos nosotros
a Reinosa, provincia de Santander, hoy Cantabria, donde a primera hora del día
siguiente, nos visitó su hijo José Luis, para que los acompañáramos rumbo a
Puertas, pues ahí estaría José María, su esposa y otros hijos esperándonos, nos
hospedó en “La Cueva”, la casa de ellos que así le llaman; ellos se hospedaron
en la planta baja y nosotros en la planta alta. Nos atendieron de maravilla,
ese día nos llevaron a conocer el bufón “Espantaruines”, el boliche que se
juega allá y el cual tiene una placa de agradecimiento a todos los lugareños de
Cuba y México que cooperaron para la construcción del mismo.
Al
estar con él, las personas asistentes le preguntaban por mí y les decía que yo
era uno de los hijos de Manuel Haces Madrid, ninguno se acordaba haberlo
conocido personalmente y entonces les decía es nieto del tío Manuel Haces
Celorio y todos lo recordaban a él. Lo que pasaba es que mi padre se vino el
año de 1888 y mi abuelo vivió hasta los años 20.
El
boliche que se juega allá es muy diferente al jugado en esta. Lo juegan en una
cancha de tierra y con una pelota de madera, por aire y no rodada, le tiran a
los bolos, los cuales tienen diferentes valores y el que tumbe mas puntos es el
que gana. La competencia era entre los lugareños y sus enemigos o contrincantes
eran de otro pueblín.
Después
nos llevó a conocer una playa muy bonita y terminamos yendo a ver a Inés
María, hija del tío Pancho y su esposo Juan que estaban de vacaciones en la
casa del tío Pancho, llamada “El Torno”.
De
ahí nos fuimos al restaurante de Pachín, en Vidiago, el cual elabora unos
jamones serranos famosos. El techo está lleno de jamones, probablemente haya
100 o más.
Estaban
tomando sidra en la forma como lo hacen, levantan el recipiente arriba de los
brazos para que caiga en la copa y así airearla, lo hacen con tal destreza que
no se les tira ni una gota.
Era
un ambiente muy bonito alegrado con la sidra tomada, todos preguntando quienes
éramos Marta y yo, posteriormente nos fuimos a dormir.
Al
día siguiente fuimos a desayunar a Unquera, un pan llamado “corbatas”, muy
sabroso, así como el café que sirven en España.
Unquera
hasta la orilla poniente del río Cares, que divide el Principado de Asturias y
la provincia de Santander hoy Cantabria, es decir, está ubicada dicha población
en la provincia de Cantabria, después nos fuimos a Llanes, capital del Consejo
del mismo nombre, recorrimos el pequeño puerto y comimos, yo pedí una fabada,
pero como era día de abstinencia de carne, me la sirvieron con mariscos,
francamente a mí no me gustó.
De
ahí seguimos rumbo a Cangas de Onís, en donde volteamos al sur para llegar a
Covadonga, lugar en que por primera vez de la invasión de los moros, fueron
derrotados y rechazados por el Rey Pelayo, cuya tumba se encuentra en la
entrada de la iglesia y en la explanada está una estatua del mismo Rey;
entramos a la iglesia y ahí le rezamos a la Virgen mencionada.
Nos
regresamos por un camino vecinal, que bordea el río Cares, lugar donde nos
dijeron iba Francisco Franco a pescar truchas, adelante se encuentra Cabriales,
donde elaboran un queso muy sabroso, parecido al queso francés Roquefort.
Al
transitar por ese camino vecinal, me sorprendió ver a la orilla a determinados
lugares, botes lecheros de 40 o 50 litros, muchos de ellos en lugares
despoblados, José María me aclaró esa situación, en esos lugares hay mucha
producción de leche y los dueños de los mismos, en las tardes los dejan para
que un camión de una empresa vendedora, los recoja y los vuelva a poner ya
vacíos, con la admiración mía de que no se los roban; efectivamente, es otro
mundo, muy diferente al que vivimos en nuestra patria.
Pasamos
por un lugar llamado Noriega, de donde era Iñigo Noriega, muy amigo de don
Porfirio Díaz y el cual en nuestro estado fundó la Hacienda “La Sauteña”, con
muchas hectáreas, pues en donde tenía la casa principal, se constituyó en un
municipio o sea Río Bravo, el terreno abarcaba hasta cerca del municipio de
Soto La Marina; vimos la casa por él construida, que aún existe.
Llegamos
a Vidiago y cenamos en un hotel con canchas de tenis y un buen restaurant, todo
recién construido, posteriormente supe que era propiedad de la familia Blanco,
propietarios de Almacenes Blanco, S.A., empresa que luego fue vendida.
Total,
José María y su esposa, junto con sus hijos, nos trataron en una forma
maravillosa.
El
otro hermano de Benito, de la familia Haces Gómez, es Juan Antonio, del cual,
he platicado con él en dos ocasiones, en visitas que ha hecho a esta ciudad. Él
se casó con Catalina O’Donnell y tuvieron los siguientes hijos: María Rosario,
Carmen y José Agustín.
Actualmente
radica en Palma de Mallorca, en las Islas Baleares y es el presidente del
organismo formado con los dueños de automóviles para renta.
Después
de terminada la Revolución Española, él se dio de alta en la Legión Azul o
Cóndor, formada para ir a combatir contra los comunistas rusos. Era piloto de
un avión de guerra y era tan avasallador su avance junto con los alemanes, que
se rindieron los rusos y así armados y mal pertrechados, los dejaban atrás para
continuar su avance.
En
ese tiempo se vino un invierno muy crudo en Rusia y él herido quedo abandonado,
pero gracias a Dios, un soldado alemán le cargo varios kilómetros, entre el
campo nevado hasta llegar a un hospital, fue condecorado creo yo, con la Cruz
de Hierro, máximo galardón alemán.
Mi
tío Antonio Quintana Madrid, primo hermano de mi padre y en sociedad con él,
fundaron las Fábricas Universales Quintana y Haces. Mi padre se dedicaba a la
atención al público y ventas y mi tío Antonio, en la cosa administrativa. Decía
mi mamá que era una potencia para los cálculos.
Era
afecto a medio día a tomar una copa de cognac, como era natural, sobraban
invitados para gorrear la copa. Un día se enfermó y el médico le ordenó varios
análisis, entre ellos uno de orina, la cual guardó en una de las botellas
vacías de cognac. La dejó en su oficina y cual no sería su sorpresa que al ir a
recogerla para llevarla al químico para su análisis, estaba a la mitad de la
cantidad por él dejada.
La
explicación fue que uno de los tantos gorrones llegó a verlo y como no estaba
ahí de momento, vió la botella y pensando que era del cognac de mi tío Antonio,
le dio un buen trago.
Yo
no lo conocí personalmente, sino a través de varias fotos que conservo de él y
a diferencia de los demás primos, todos ellos guapos, él era feo.
Se
casó con María Terán y tuvieron los siguientes hijos:
Amalia,
casada con Fernando Zorrilla Gómez, quienes tuvieron a Fernando, Amalia,
Ernesto y Gonzalo. Mi tía era muy afecta a escribir poesías, que
desgraciadamente no conservo ninguna.
Elena,
casada con el Dr. José Macías Hernández, tuvieron los siguientes hijos: José,
Elena, Flavia, María y Salustia.
María
Purificación, casada con el Arq. Enrique L. Canseco, teniendo los siguientes
hijos: María Purificación, casada con Gilberto Gómez. Enrique Carlos, casado
con Rosa Velia Méndez. Marcelo, casado con Nohemí García y Rubén casado con
María Elena Hernández.
María,
casada con Enrique Higuera Meléndez y tuvieron a Enrique, Jorge, María
Covadonga y Yolanda.
Y
los siguientes hijos que se conservaron célibes: Antonio, Juan, Carmela,
Salustia y Francisca.
Al
desaparecer la casa Quintana y Haces, se fue a radicar a Tampico, trabajando
con una compañía petrolera y vivía en la casa del Arq. Canseco y María
Purificación, hasta el año de 1935, en que falleció y un año después murió mi
tía María Terán.
Las
ironías que dá la vida, mi padre y mi tío Antonio, socios principales de la
firma Quintana y Haces, al desaparecer la citada firma, siguieron caminos
diferentes, muriendo mi padre en México y mi tío en Tampico.
Pero
el destino que Dios marca, los trajo a volverse a juntar en el sótano de la
Catedral de Victoria, donde hay criptas para sepultar los restos. A mi padre lo
traje de México y mi tío de Tampico sus familiares; y ahora sus restos reposan
en el mismo recinto.
Ahora
trataré de la familia Haces Zorrilla, o sea mi familia.
Mi
padre como ya lo he narrado en párrafos anteriores, llegó de España y se casó
el 31 de Enero de 1906, con mi madre Laura Zorrilla Larumbe.
El
destino, cuando la revolución por los años 1914 o 15, radicaron en la Cd. de
México. A mi hermana Laura la tenían en un colegio de monjas llamado Santa
Teresa de Jesús y mis hermanos en el Colegio Francés, por cierto, que se
llevaron a trabajar con mi familia a unas gemelas nacidas en la Hacienda “La
Loma”, apellidadas Doria. Una ocasión, como mi madre no podía ir a recogerlos a
la salida de la escuela y comisionó a una de ellas, a mis hermanos en la casa
le decían a Francisco “Pachín” y a Miguel “Pín” porque de chico decía que el
era pín, o sea gachupín. Formaron a los muchachos en la escuela para
entregarlos a los encargados de ir por ellos, pedían el nombre, lo gritaban en
voz alta y así sucesivamente, la muchacha que iba por ellos le indicó a esa
persona que ella iba por Pachín y Pín, como era normal a ellos les dio
vergüenza y no ocurrieron al llamado, regresó a la casa para decirle a mi mamá
lo ocurrido y mi mamá algo nerviosa fue al colegio y se aclaró la situación.
Yo
conservaba unas memorias anuales de dicho colegio, desgraciadamente no se donde
se encuentran. En el grupo de Pachín, el venía con buen lugar en algunas, pero
que el que encabezaba todas era un niño compañero de él, llamado Adolfo López
M., pasando el tiempo llegó a Presidente de la República, pero mi hermano no
recordaba nada, solo por unos amigos que le indicaban que él era al que le
llamaban “el árabe”.
El
cual le comentó, que cuando tomó posición como presidente, al ir a saludarlo,
en esa larga que se formó, él le dijo: “Quihubo árabe, ¿Cómo te vá?” A lo cual
el presidente fríamente le contestó: Le agradezco su felicitación y le dio la
mano al siguiente.
Vivían
en una casa cercana a la Alameda de Santa María de la Ribera, un día se
descompuso el baño, mandaron llamar al plomero y mi madre dejó a Pachín, Miguel
y Margarita, para que por turnos lo vigilaran, dado que la gente en la Cd. de
México es muy afecta a robarse cosas. Primero empezó Margarita su vigilancia y
cuando les tocaba a mis hermanos, no querían ir y mi hermana en voz alta le
dijo a mi madre, mis hermanos no quieren quedarse a vigilar al plomero, eso en
presencia de él y mi madre no hallaba como componer el desacierto.
Miguel
empezaba a leer y le daba por leer todos los letreros de la calle, pasaron por
una calle, y les dijo que raro se llama: Dando Guerra, a lo que le indicaron
que el verdadero nombre era Donato Guerra.
Siguieron
viviendo en México con estrechez económica, pues la firma Quintana y Haces, en
Victoria, la habían saqueado en la revolución.
Mi
hermana originalmente la tenían en un colegio francés, donde todas las clases,
pláticas, etc. eran en ese idioma, mi padre al ver lo anterior, optó por
cambiarla al de Santa Teresa de Jesús.