Humberto
estudió ingeniería agronómica, posteriormente jugó muy bien fut-bol americano,
después fue director de la facultad de ingeniería y posteriormente Rector de la
U.A.T., a la que le ha dado mucho prestigio. Actualmente está casado con una
magnífica persona, Rosalba Benuhmea.
Julia,
al quedar viuda, trabajó como secretaria particular de doña María Terán de
González, que fungía como primera dama del estado, ya que su hermano menor, el
Lic. Horacio Terán Zozaya, Gobernador del Estado, no estaba casado.
Posteriormente
se volvió a casar con el Lic. Héctor Taméz González, que era una magnífica
persona, originaria de Villagrán, Tam. o Linares, N.L., una estatura tirándole
alto, rubio de ojos claros, tocaba magníficamente la guitarra, y en uno de sus
viajes a Europa, encargó una hecha exprofesamente en Sevilla; yo lo oí tocarla
y con sus maravillosas manos, salía una melodía magnífica.
Era
muy amigo por esas razones de Gustavo López, esposo de Emma Blackmore Valdez,
hermana de mi suegra, el cual era aún superior pues era un verdadero
profesional; como anécdota les narraré lo que le sucedió en Monterrey, N.L.,
como era natural con todos esos genios de la música, su situación económica era
difícil, empezó a dar clases de guitarra y como la clientela no acudía en la
forma que él quería, se anunció con el nombre de Gustavo Zepol, dando la
impresión de extranjero y con nuestro mal endémico de nuestro país
(malinchismo), su negocio prosperó. El día 27 de Mayo de 1954, Héctor Taméz le
había organizado un recital, Marta y yo teníamos muchos deseos de ir a
escucharlo, pero por razones del próximo nacimiento de nuestro hijo, no pudimos
ir, en la mañana siguiente vino a verla y ya había nacido nuestro primogénito y
por varias horas la deleitó tocándole diferentes melodías, de todo género, pues
era una maravilla, regalándole un disco Long-Play, posteriormente dada su
valía, lo becaron a Roma, a recibir clases con el guitarrista español Andrés
Segovia, que era uno de los máximos, si no digo que el mejor, exponente de ese
género.
Héctor
Taméz fue Secretario del Ayuntamiento, consiguiendo una notaria que la ejerció
hasta la muerte. La misma actualmente la explota Renato Filizola Haces.
Una anécdota curiosa de él, es cuando en una ocasión estaba presentando un
examen importante con varios sinodales, uno de ellos le hizo una pregunta, a la
contestación de él se rieron y con su carácter fuerte se acordó de todas las
mamás de ellos; y por esta razón terminó en Tampico y no en esta su carrera.
El
20 de Noviembre de 1961, nació una niña hija de Julia y Héctor, rubia y de ojos
claros, por haber nacido ese día le pusieron por nombre Juana Adela y le decían
La Revo, pronombre por el que hasta la fecha todos la llamamos. Estudio en el
Tecnológico de Monterrey y se casó con Gerardo Signoret. Heredando a sus
abuelos maternos, se dedica a la danza, presentando en varias ocasiones y
organizándolos como ensamble, etc.
Los
otros dos hermanos de mi tío Ricardo, fueron Ricardo y José, al primero de
chico le decían Rica. Eran hermanos gemelos, pero totalmente diferentes, pues
el que no sabía se extrañaba que fueran hermanos.
Ricardo
era moreno claro, de complexión mas bien gruesa y de una estatura regular, era
muy bueno para tocar la guitarra y cantar, pero magnífico para hacer
caricaturas, pues tenía las cualidades para ello: Oportunidad, ingenio y
dibujo, yo pienso que si se hubiera dedicado a eso y no como pasatiempo, hubiera
llegado a nivel nacional, pero era muy reservado, pero cuando te tenía
confianza, te tenía muerto de risa por sus puntadas.
Pepe
era muy sociable, de estatura baja, rubio y de ojos claros, como Ricardo
también le gustaba la música y el canto, pero en lo demás, era muy diferente a
él. En el año de 1947, fuimos él, mi tío Pancho y yo a Nueva Orleans, a hacer
compras para nuestros negocios, sucediendo varias cosas que narraré:
Una
noche fuimos a un Ferry que hacía el paseo sobre el río Missisipi, nada más que
ese día no salió y únicamente había baile; Pepe y yo invitamos a bailar a un
par de gringuitas, ellas no hablaban español y el único que si entendía era
Pepe, pues hablaba muy bien el inglés, al preguntarle de donde eramos y
decirles que de México, se extrañaban y nos decían que si de: ¿Old o new
México? Pues yo pienso que querían vernos con plumas en la cabeza; lo curioso
era que al terminar de bailar, se sentaban en una mesa con unos gringos y ellos
nos pagaban todo nuestro consumo, pues estabamos en otra mesa. Al irse las dos
parejas, los americanos nos agradecieron mucho que hubiéramos bailado a las
muchachas.
Como
les dije anteriormente, Pepe era el que hablaba inglés, en una ocasión fuimos a
un restaurant y no les entendía, como en mi secundaria yo había estudiado algo
de francés, me di cuenta que en ese idioma le estaban hablando, aclarado el
punto, no entendían que éramos mexicanos.
En
ese tiempo, entre otros estados, que contaban con mucha población negra, entre
ellos Louisiana, la discriminación por ley era muy fuerte. Al ir de Houston a
Nueva Orleans, por autobús como lo hicimos, empezó a llover muy fuerte y
pidieron parada unos negros. Una negra, así como un niño que creo era su hijo,
estaban totalmente mojados y el chofer no se paró y les hizo una seña ofensiva.
Los autobuses, tres filas de atrás, tenían un letrero exclusivo para negros,
las estaciones eran dos, los restaurantes y los baños igualmente. Al llegar a
uno de ellos, quería ir a orinar, pues en ese tiempo los autobuses aún no traían
los baños integrados. Fui al baño de los blancos y al verlo muy lleno, me salí
para ir al de los negros, pero al querer hacerlo un policía, no me dejó entrar,
que era únicamente para negros y no para blancos.
Al
regresar tomamos tren nocturno para amanecer en Houston y los avisos que tenía
decía que no podían viajar negros y blancos en el mismo vagón, en caso de que
fuera poco el movimiento, el mismo carro debería ir totalmente separado con una
división.
Las
compras las hicimos en una firma: Straton Baldwing, era una manzana completa
con tres pisos, llenos de ferretería, nos daban un remolque como esos del
ferrocarril y una persona para que fuera poniendo lo que necesitábamos hasta
llenarlo y nos daban otro, este negocio estaba ubicado en la calle Topichulas.
Nosotros
llegamos al Hotel Modesto, en la calle Canal Street, esta calle estaba dividida
con un camellón con arbotantes, en cada uno de los cuatro lados, decía en uno
Reinado Español, en otro Reinado Francés y así sucesivamente, Confederados y Estados
Unidos de Norteamérica.
Esta
avenida estaba llena de cabarets, que no cerraban ni de noche ni de día y un
montón de marineros borrachos, que aún salían a las calle con el vaso en la
mano cantando.
Había
una oficina de la cámara de comercio, para orientar donde había cada artículo
que uno necesitaba. Primero le pedían a uno el nombre de la compañía y de donde
era, al darles el nombre de Manuel Haces, inmediatamente me dijo: Ustedes
tienen una ferretería en Cd. Victoria, Tam., me llamó la atención lo anterior y
le pregunté como lo sabía, a lo que él me respondió: Yo soy de Jaumave, le
pregunté su nombre y no quiso dármelo, ignoro cual haya sido la causa.
Teníamos
deseos de comprar ropa y fuimos a una tienda de ellas; para mí, por mi estatura
y cuerpo normal, era muy fácil, pero Pepe no encontraba fácilmente y uno de los
empleados le dijo, pues Pepe era bastante bajo de estatura, que fuera al
departamento de niños, se lo dijo en inglés, yo algo entendí y le pregunté que
había dicho y él no quiso decírmelo, creo por pena.
Pasó
el tiempo y como narro en párrafos anteriores; mis tíos Benito y Pancho y mis
primos, pusieron un negocio, que nos hacía una tremenda competencia, a mí y a
mi hermana Laura y a Pepe y Ricardo, pues mi tío Ricardo había muerto y ellos
administraban el negocio, no pudieron con la tremenda competencia de los
parientes y cerraron. Ricardo jamás hasta su muerte les dirigió la palabra.
Pepe,
mas noble, un tiempo, no tenía trabajo ni siquiera que comer, y en tiempo que
gobernaba nuestro estado el Dr. Norberto Treviño Zapata, el presidente Kennedy
de E.U.A., elaboró un plan llamado Alianza Para el Progreso, cuyo objetivo era,
mediante algunas reformas que harían los países latinoamericanos, E.U.A. los
ayudaría económicamente.
Emilio
Villarreal Guerra, aprovechó esas circunstancias según él, montó una oficina
para representar a E.U.A. en ese plan en la calle 11 acera poniente, una casa
pegada al Hotel Victoria, la cual amuebló para oficina, que pienso conociendo a
Emilio, haya sacado todo fiado.
Para
atenderla necesitaba una persona que hablara inglés, cosa que reunía las
condiciones de Pepe, un C.P., que le ofreció a Oscar González Sepúlveda, que
renunció a su trabajo en el Seguro Social, y uno para la cosa administrativa,
que fue Efraín Salazar Saldívar. Los tuvo así, varios meses sin pagarles, ni
realizar ninguna labor, pues era un engaño de Emilio, cansados de eso se
retiraron.
El
año de 1963 entró como Gobernador del Estado Praxedis Balboa, nombrando a David
Araujo, Gerente de la Constructora de Tamaulipas, el cual a su vez nombró como
administrador a Aroldo Filizola, el cual ocupó mucha gente de Victoria, entre
ellos a Pepe, que comisionaron como encargado administrativo de la carretera
Limón-Ocampo.
Después
de esto, al terminar el sexenio de Balboa, ya un poco enfriadas las
divergencias con Benito, lo puso con Quico Haces, de administrador de un rancho
henequenero, en el municipio de Güemez, cuyo nombre le pusieron ellos fue
Peñatú.
Pasó
el tiempo y después que se separaron Quico y Benito, se quedó sin trabajo, y en
el 17 Juárez, su hijo Rodrigo, puso un Restaurant que lo llamó: El Mesón de Don
Rodrigo, allí iba Pepe a vigilarlo cobrando y su esposa María de los Ángeles,
preparaba los alimentos.
Posteriormente
le repitió un infarto, que ya le había dado en varias ocasiones, después de
algunos días murió.
Los
hijos de Pepe y María de los Ángeles Guillén, son los siguientes: José, casado
con Lidia Lozano, Juan Gustavo que casó con Juana Coello, Gerardo casado con
Martha Silvia Atondo, Rodrigo casado con Martha Josefina Suárez, María de los
Ángeles quién caso con Antonio Florentino, Ricardo casó con Luz María Gallegos,
Pedro Antonio casado con Silvia Rodríguez y Pablo que casó con Claudia Córdoba.
Ricardo,
mi otro primo, se casó con Ana María Montemayor Flores, como en ese tiempo no
permitía la iglesia misas en la noche, su boda se efectuó a las Cero horas, o
sea medianoche, la recepción fue en casa de Don Jesús Montemayor, contigua al
lado norte del Palacio Municipal, en la calle 17. Sus hijos fueron Ricardo, que
se casó con Estela Montemayor, Ernesto que se casó con María del Pilar
González, Guillermo que casó Luz María Montero y después con Georgina Ibarra,
por último la hija menor Ana Catalina, lleva esos nombres por su mamá y su
abuela materna, casó con Alfredo Gurza. Trabaja en el CAPFCE y pronto se
jubilará.
De
Francisco Haces Madrid, conocido cariñosamente como el tío Pancho, yo oía en
pláticas de mi casa, que era huraño, muy viajero a todas partes del mundo y sin
dar cuenta, un día estaba en esta y a los pocos en E.U.A., España u otros
lugares, y a la inversa igual, muy afecto a caminar a pié grandes distancias,
ya grande de edad, radicaba en Vidiago con mi tía Amelia, su esposa, en una
casa propiedad de ella, que como es costumbre en esos lugares, tenían nombre,
como “La Casona”, que era de mis abuelos, “La Cueva” de los Haces Gómez, a esa
casa de mi tía, le llamaban “El Palacio” y de ese lugar a Llanes, cabecera del
consejo, iba mi tío a pié y regresaba para comprar el periódico Excélsior de
México, para tener noticias de estas latitudes, para darse idea del
recorrido les diré que la distancia entre esos dos puntos es de aproximadamente
de 11 Kms.
Mi
tío como todos los primos, vino a trabajar con el tío de ellos Ricardo Madrid
Lama, poseedor de un almacén de toda índole en esta ciudad, el primero en
importancia de uno de los dos, pues había otra firma importante de la familia
Lavín. Trabajo con dicha firma y posteriormente con Quintana y Haces, que fue
al morir mi tío Ricardo Madrid, como se llamó la misma.
En
párrafos anteriores he platicado cosas sucedidas a él, ahora platicaré otras no
narradas.
Al
tomar las fuerzas revolucionarias, la plaza de Victoria, empezó la dispersión o
llamaré diáspora, como los judíos en Judea, mi tío con su carácter especial ya
narrado, recorrió muchos lugares del mundo.
En
una ocasión radicó en la Guinea Española en África, había abundancia de
elefantes, los lugareños o sea los negritos, vendían los colmillos, se informó
del precio y consultó a como se los compraban en Inglaterra, dándose cuenta que
obtendría una buena ganancia con esas operaciones.
Empezó
comprando lo mas que pudo y al tener una regular cantidad, los envió a
Inglaterra, ansiosamente esperaba la contestación con el sustancioso cheque,
pero cual no sería su sorpresa que al recibirlo, le indicaban el peso,
descontando la cantidad de piedras y otros objetos que iban dentro de los
colmillos, que los negritos les ponían para aumentar su peso y su precio.
También
platicaba que todos los días o cada tercer día, iba una negrita para asear el
cuarto donde vivía, y el olor que ellos producen, que pienso yo lo mismo de
nosotros hacia ellos, le molestaba por varias horas.
Tengo
entendido que también estuvo en otros lugares de África, Asia, etc. Total un
trotamundos. Al grado que platicado por algunos primos, un día se lo encontró
mi prima Julia en Laredo Texas, le preguntó que andaba haciendo y él le dio
contestaciones vagas, después supimos que iba para España.
Otro
día en Madrid, lo vió mi primo Benito en la estación del tren, después de
batallar, logró saber que iba a París, pero en su casa no había avisado nada.
Ya
de una edad grande, se casó con mi tía Amelia Villar, ella era de Vidiago, del
Consejo de Llanes, en el Principado de Asturias, tuvieron dos hijos: Francisco
e Inés María, que mas adelante hablaré de ellos. Mi tío estaba una temporada
con mi tía y otra en diferentes lugares, platicándoles algo que a mí me lo
hicieron saber: En una de tantas vueltas, su hijo mayor al llegar a su casa y
verlo preguntó, bueno ¿Quién es este señor?.
Yo
recuerdo ya vivamente, cuando murió mi papá, iba yo a Tampico y concurría al
Centro Español que administraba mi tío Miguel y ahí lo veía, conmigo era muy
platicador y nos pasábamos horas juntos. Vendía él todo lo que se pudiera,
cable, henequén, etc.
Narraba
que en una ocasión se encontró a un viejo amigo en México, se hospedaron en el
mismo cuarto del hotel, se pusieron a platicar en la noche hasta las primeras
horas de la madrugada y con la fuerte voz que tienen los españoles, varios
huéspedes se quejaron en la administración, que no los dejaban dormir, fue el
dueño que también era español y les hizo saber que se callaban o dejaban el
hotel, lo cual obedecieron.
Mi
tío vivía en Tampico en una especie de casa de huéspedes de mi tía Bertha y era
el encargado de acompañar como chaperón a Bertha y Gloria, que ya eran
señoritas.
Tenía
un dedo de la mano en el que no sentía dolor y cuando se enojaba, con el
golpeaba el escritorio o mesa en la que estuviera.
En
una ocasión revisando las cuentas de los que le debían, se dio cuenta que había
una muy atrasada en los pagos, la misma era del sacerdote que estaba reparando
la iglesia de El Chorrito. Inmediatamente empezó a golpear con el dedo
indicado, diciendo: “que se ha creído este cura, que yo voy a costear la
reparación, etc.”; en esos momentos llegó el sacerdote mencionado, callándose
inmediatamente mi tío. El objetivo del sacerdote, era pedirle una disculpa por
la tardanza, que en unos días le pagaría pues concurrirían muchos feligreses
próximamente, por semana santa y con esta razón habría muchos donativos.
Aparte, pues le daba mucha pena, pero necesitaba terminar y no dejar a medias
un colado, que abusando de su gentileza, si no le podría facilitar cemento,
fierro, cal y todo lo demás que era necesario. Mi tío cambió totalmente de
actitud y le indicó, no se apure padre, le voy a facilitar lo que me pide y si
necesita mas me lo dice y con todo gusto se lo proporciono y el pago cuando
Usted pueda me lo hace.
Esto
nos hace ver lo paradójico que son los españoles, en un momento producen una
lumbre como cuando quema uno petate y al rato todo bien.
En
Marzo de 1979, fuimos a Inglaterra, en donde estaba becado, cursando una
Maestría en el Tecnológico de Cranfield nuestro hijo Manuel, que había llegado
a ese lugar el 18 o 19 de Septiembre del año próximo pasado, estuvimos 3 o 4
días en Londres y de allí volamos al aeropuerto Barajas de Madrid, respecto a
este viaje adelante lo relataré.
Al
llegar a Madrid fuimos a visitar a José María y su esposa Pilar, como es
natural, le hablamos a mi tía Amelia, la cual nos invitó a cenar, llegamos a su
casa, un departamento en un edificio de varios pisos y de la planta baja tiene
uno que hablar e identificarse para poder pasar, después de conseguir lo
anterior, subimos por un elevador al piso donde vivían mis tíos.
Eran
como las 20 horas, mi tío ya había merendado, pero al vernos se sentó en la
mesa y empezó a platicar de diferentes cosas, preguntando por muchas personas
de su tiempo, las cuales por no decir la totalidad, ya habían fallecido. Se
empezó a recordar de muchachas de esa época, diciéndonos que por poco él se
hubiera casado en Victoria.
Mí
tío en ese entonces tenía alrededor de 98 años, su mente completamente lúcida,
lo único eran sus ojos que ya encontraban un poco apagados, tristes.
Una
ocasión se enfermó, lo visitó el médico y después de una exhaustiva revisión,
les dijo: Este tío no tiene nada, lo único es su vejez y de eso morirá.
El
problema de mi tía y mi prima, era que no se saliera, pues era muy afecto a
caminar, como lo he indicado en párrafos anteriores.
Serían
después de las 22:00 horas y mi tío no paraba de platicar, me llamó mi primo José
María y me dijo, vámonos pues mi tío seguirá platicando hasta el amanecer y no
se vaya a hacer daño, nos despedimos y nos retiramos.
A
los 2 o 3 años cumplió 100 años y al poco murió, mi tía Amelia le sobrevivió
algunos años y falleció al poco.
El
hijo mayor de mis tíos, llamado igual que él y que cariñosamente le decimos
Quico, se vino a radicar el año de 1952 a Victoria, donde trabajó con la
Distribuidora de Víveres, filial de Almacenes Ibarra, de Tampico.
Después
como he platicado, mis tíos Pancho y Benito, le dieron trabajo con el primo
Benito, en la firma Benito Haces y Cía. Ahí trabajó con mi primo Benito varios
años, hasta que empezó muy seguido a ir a España, cosa que no le pareció a mi
primo Benito, pues duraba mucho tiempo en sus viajes. Platicaron y llegaron al
acuerdo que él se retiraría y la parte de él y mi tío Pancho, sería absorbida
por la heredera de mi tío, mi tía Meche y mi primo Benito.
Entre
las propiedades en común, aparte de la tienda, tenían un terreno henequenero en
Güemez, llamado Peñatú, como recuerdo ya que es un monolito ubicado en la
Sierra de los Picos de Europa, cerca de Puertas de Riego, lugar de nacimiento
de todos los primos Haces Madrid y otros. Para conseguir dinero para el pago de
este terreno, mi primo Benito, solicitó un crédito en el Banco de Victoria,
S.A., cuyo presidente del consejo de administración, era Luis Felipe Pérez
Collado, quién al enterarse por motivo de su cargo, indebidamente le ofreció
mas a Quico y este sin decirle nada a Benito, le vendió su parte a Luis Felipe,
Benito enojadísimo con los dos, les reclamó, pero lo hecho, hecho estaba y no
tuvo mas remedio de tener que vender su parte a Luis Felipe. Hizo Benito un
coraje tal, que dejó de hablarle a Quico hasta la fecha, a pesar de haber
trabajado juntos como hermanos.
Quico
anteriormente se había casado con Banqui Villegas, una muchacha muy bonita y de
buenas familias de Tampico, aquí radicó hasta la disolución de la sociedad,
trasladándose a Tampico donde estableció un negocio: Haces y Ruiz Garza, S.A.,
con un concuño de él, posteriormente su concuño se separó y él se puso a
trabajar el negocio, con un pariente de España, Eduardo González Quintana.
Al
mismo tiempo, estableció en esta ciudad un negocio similar: Haces y Almaráz, el
cual luego se disolvió, lo mismo que el de Tampico. Actualmente tiene un
negocio en la Barra del Tordo, Municipio de Aldama, que trabaja con sus hijos,
es un centro turístico y la gran mayoría de huéspedes son americanos. También
desempeña el puesto de Cónsul de España en Tampico, pues nunca se a querido
nacionalizar mexicano.
De
mi tío Heliodoro, hijo de mi tía Delifa y de mi tío Juan; y por lo tanto doble
primo hermano de mi papá. Pocos recuerdos tengo de él, lo conocí únicamente por
fotografías. Vino igual que los demás primos a la firma Ricardo Madrid o
Quintana y Haces y trabajó con ellos.
Se
casó con Teresa Martínez, hermana de los muchos hijos que tuvo de diferentes
mujeres, Don Francisco Martínez, dueño de la Hacienda La Cruz, que se encontraba
donde ahora es el cruzamiento de la carretera a Monterrey y la vía del tren
hacia allá.
Tuvieron
una hija: Delifa, llamada así en recuerdo de su abuela del mismo nombre. Ella
trabajó con mi papá y mi tío Ricardo, en la sociedad que tenían, también
trabajó mi hermana Laura. Se casó con el Dr. Castro y tuvieron dos hijos:
Héctor y Roberto. Héctor después de trabajar y jubilarse en Estados Unidos, se
fue a radicar a Las Vegas; casó varias veces, ya que al venirse su exesposa a
radicar nuevamente a México, dejándolos a ellos, volvió a casar con una
inglesa, quién también regresó a su país, después, cuando ya todos sus hijos
estaban grandes, volvió a casar con una Filipina, hija de un presidente de ese
país, donde radican actualmente. Ella se llama Leilany. Y han viajado por todo
el mundo. Y tuvo muchos hijos, son 9 en total.
Delifa
al casarse se fue a vivir a Monterrey donde vivió hasta la muerte de los dos. A
mi tía Teresa vagamente la recuerdo, últimamente vivía en esta ciudad y mi mamá
Laura, frecuentemente la visitaba y decía que tenía un carácter muy fuerte.
Mi
tío Heliodoro al final de su vida, vivió en Villa Juárez o Cd. Mante, trabajaba
en la construcción de la carretera México-Nuevo Laredo, llamada originalmente
la carretera nacional, tengo entendido que en un accidente de trabajo, falleció
y no sé si allí fue sepultado o en esta.
De
mi tío José Hano Madrid, no guardo ningún recuerdo, las únicas referencias a
él, es la foto de los esponsales de mi padre Manuel y mi madre Laura. En la
misma, se tomaron una foto con los hermanos y primos hermanos de mi padre y
ellos, apareciendo en la misma mi tío antes mencionado, no sé el nombre de sus
padres, la fecha y lugar de su nacimiento, ni si se regresó a España o que
pasó, lo único que oía decir en mi casa, como la “H” es muda en nuestro idioma,
se pronunciaba “ano” y para evitar problemas, únicamente se ponía José H.
Madrid.
Mi
tío Ricardo Caldevilla Madrid, nació en Puertas y como los demás primos se
vinieron a América a trabajar con mi tío Ricardo Madrid sucesores y después
Quintana y Haces. Trabajó con un nuevo negocio establecido en Tampico, con mi
papá y mi tío Miguel y otros y que anteriormente he relatado lo que sucedió a
dicho negocio.
Mi
tío era de una estatura tirando a baja, muy bien parecido y sumamente atento, a
la mayor parte de las personas les agradaba su persona y su comportamiento. Se
radicó en México y por los años 20 enamoró a la que sería su esposa, Luz María
de apellido Caldevilla, se casaron y tuvieron 4 hijos, a saber: María de la
Luz, Soledad, Ricardo y Aurora. Mi tía era de una posición económica
desahogada, se dedicaron a viajar hasta que quedó viudo, no volviéndose a
casar. Mis primas Luz y Chole eran bonitas muchachas, pero la que era preciosa
era Aurora, la mas chica. Cuando yo era niño, venían las dos mayores a
vacacionar a mi casa y el hermano, Ricardo, que igual que su papá, era
sumamente guapo, llegaba junto con ellas pero se hospedaba con mi tío Benito.
A
mi tío Ricardo se le vino abajo su situación financiera y trabajaba con una
sastrería de un judío, en las calles de Brasil, es decir el mero centro de
México, el nombre del negocio era Sastrería Príncipe y el trabajo de él era
vendedor.
Yo
recuerdo que en el año de 1936, lo pasé todo ese año con mi mamá, por razón de
su enfermedad en los ojos, íbamos muy seguido a la casa de él, ubicada en la
Calle Alvaro Obregón, Col. Roma, cerca del famoso en aquel entonces cine
Balmori, el vivía en un segundo piso, de un edificio de dos pisos, que se
llamaba Francia.
Mis
primas se casaron y se fueron a vivir a Torreón, Coah., no así Aurora, que se
casó y vivía en la Cd. De México. El problema principal de mi tío, era su hijo
Ricardo, que como he relatado era muy bien parecido y las señoras y muchachas
andaban detrás de él, le dio por la bebida y se le perdía varios días,
apareciendo después y así sucesivamente. Recuerdo perfectamente el día 1° de
Septiembre de 1943, cuando falleció mi padre, me comisionó mi mamá, que le
fuera a avisar a mi tío Ricardo. Llegué a su casa y el que se encontraba en
ella era mi primo Ricardo, lo desperté y quedamos de ir a la sastrería donde
trabajaba mi tío Ricardo para avisarle lo sucedido. Nadamás, que mi primo traía
una resaca, como dicen en España, o cruda como dicen aquí en México y me pidió
por favor, que antes de ver a mi tío, lo llevara a comer ostiones y camarones y
tomarse unas cervezas, para medio curarse la cruda, así lo hicimos y si mal no
recuerdo, después de eso, le avisamos a mi tío Ricardo que se trasladó a la
casa que rentaban Albino mi cuñado y Margarita mi hermana, en Ramón Guzmán 60,
hoy llamado la calle de Insurgentes Centro, desde Puente de Alvarado al Paseo
de la Reforma.
En
esa casa se veló a mi padre, mi tío les avisó a algunos familiares que vivían
en México y llegó uno que no se me olvida, apellidado Llera Haces, el cual
desde esa fecha no he vuelto a saber de él.