Memorias de Manuel Haces Zorrilla e

historias familiares que le contaron y conoce

Octubre 21 de 1998.

 

Desde hace años tengo deseos de escribir este relato, creo a nadie le haré mal y sin embargo, pasando el tiempo, si alguno de mis descendientes tiene el deseo de saber algo de la familia, podrá leerlos en esta reseña.

 

Empezaré por decirlos, que parte del mismo es con pruebas documentales  y otra parte por pláticas de mis ascendientes, por si alguna falta encuentran en el, no es mi intención hacerlo.

 

Por el lado de mi madre: Laura Zorrilla Larumbe, les diré: Que el primer antepasado lo podemos situar cuando la colonización de la costa del seno mexicano, o sea al que llamaron Nuevo Santander- hoy Tamaulipas.

 

Entre los acompañantes de Don José de Escandón y Helguera, Conde de Sierra Gorda, máximo dirigente de la colonización, venía el Teniente Alonso López de Quintela, quién estuvo en la fundación de la Villa de Santo Domingo de Hoyos, hoy Hidalgo, como consta en los autos de la general visita, que realizaba el Lic. Don José Orozco y Yamas, comisionado por el Excelentísimo Virrey de la Nueva España y por mandato de su majestad  el Rey de España.

 

En dicho documento, aparece en una de sus partes lo que a continuación transcribiré íntegro:

 

"Hacienda del Carmen No. 93, en donde pasaron el arroyo de San Juan y a un paso que corresponde para San Bernardino, se tendió el cordel sur a norte cuarenta y cuatro veces,  que hacen dos mil doscientas varas, hasta llegar a una lomita que está al norte de las casas nombradas del Carmen, que con igual número por la opuesta cabezaba y dos leguas de fondo de oriente a poniente, componen porción de dos sitios de ganado menor, demarcase y pidiola Alonso López de Quintela, Teniente de esta villa y se le adjudicó".

 

Este Teniente estaba casado con Ma. Cristina Pérez Rey y tenía la siguiente familia: Ma. Del Carmen y Beatriz.

 

Como se podrán dar cuenta, lo que se dice que se adjudicó a nuestro antepasado, era un paraje conocido como El Carmen, creo así se llamaba en honor a su hija.

 

María del Carmen, se casó con Gaspar Noriega, hermano de Melchor Noriega, casado con la hija de menor de don José de Escandón, Conde de Sierra Gorda.

 

Al quedar viuda María del Carmen, se casó en segundas nupcias con José de Manuel de Larumbe, en 1789, originario de Piura, Virreinato del Perú y radicado poco tiempo antes en Nuevo Santander.

 

Así fue pasando el tiempo y desgraciadamente no puedo hacer una relación cronológica exacta.

 

Pero en los años 1850 o antes, hay un José Larumbe que se casó en primeras nupcias con una Srita. Apellidada González o Martínez, teniendo varios hijos, entre ellos uno llamado Ismael el cual estudió medicina, se radicó en México y fue médico de cabecera del Gral. Maximino Ávila Camacho, hermano del General Manuel, que en los años 1940 a 1946, fue Presidente de la República. Entre otros hijos, tuvo uno llamado igual que él, que se dedicó al teatro, actuando en varias obras y telenovelas.

 

Al enviudar mi bisabuelo, volvió a casarse con una Srita. Originaria de San Pedro de los Ruiz, contigua a la Hacienda de San José de la Loma, a donde había sido cambiada la Hacienda del Carmen. Era una muchacha mucho mas joven que él y muy bonita, según una fotografía que conservaba Etelvina Santander Saínz, también bisnieta de ellos, en la misma aparecen José Larumbe y Martina Ruiz su esposa, ella llena de pulseras y joyas; así de este matrimonio narraré una anécdota que platicaba mi mamá: Don Pedro José Méndez, vecino de la hacienda, pues era de la Hacienda San Antonio, también llamada El Enchilado, no puedo decir con certeza si éramos parientes, pero él los trataba de tío José y tía Martina. Continuamente los visitaba y una ocasión le reclamó a mi bisabuelo José, que había ayudado con unos caballos o alimento a los afrancesados, pues era la época de guerra contra el Imperio de Maximiliano de Hapsburgo, intervino mi bisabuela Martina y le dijo francamente: Mira Pedro, vienen ellos y si José no los ayuda lo cuelgan y luego vienes tú y es la misma historia, así que José tiene que salvar su vida. A lo que Don Pedro contestó: A que mi tía Martina tan claridosa, por favor sírvanos un café; y así terminó el incidente.

 

También platicaba mi mamá que seguido iba de visita el Gral. Mariano Escobedo, pues era originario de Galeana, N.L., cercano a la Hacienda. El Gral. Escobedo, pasó a la historia como el que recibió la rendición de Maximiliano, Miramón y Mejía en la Cd. De Querétaro.

 

De su segundo matrimonio tuvieron los siguientes hijos: José, Sara y Fortunata, nacida el 14 de Octubre de 1855. Fortunata venía siendo mi abuela.

 

Por los años 1870 a 1890, llegó por esos lugares, el que sería mi abuelo, era originario de Riba, provincia de Santander, Región de Castilla La Vieja, Reino de España, donde había nacido el 14 de Febrero de 1845, el nombre correcto era Francisco Barquín Zorrilla, pero el padre de él, dejó a su madre e hijos y se vino a México, por esa causa cambió su nombre poniéndose Francisco B. Zorrilla, enamoró a mi abuela y al poco tiempo se casó, radicándose en Linares, N.L., donde existe una casa en que a la fecha está Funerales Malo, pues a esa familia le fue vendida. La misma tiene una viga de madera con el nombre de él. Platicaban que mi abuelo en esos años tenía una panadería la cual era un magnífico negocio, pues diariamente después de terminar la venta hacia balance y sabía cuanto había ganado. En esos años radicando en Linares, nació María hermana de mi madre, que posteriormente se casaría con mi tío Lic. Antonio Govela de la Torre, donde nació la familia Govela Zorrilla, que fueron Antonio, Francisco, Alfredo y Soledad. Los cuales a su vez tuvieron diferentes familias.

 

Mi abuelo Francisco al morir mi bisabuelo, se hizo cargo y radicó en la Hacienda, en donde un 18 de Agosto de 1885 nació mi madre, mi abuela no quería reponer el nombre de ella, pues pensaba que pasando el tiempo, diría la hija de ella, con desprecio, yo me llamo Fortunata pues así me puso mi madre, por llamarse ella así, como digo anteriormente al la primogénita le impusieron el nombre de María, al ver el calendario para saber que santo se conmemoraba ese día y entre otros santos estaba el de Laura.

 

Recordó mi abuela que en años anteriores habían estado en la hacienda de paso al Chorrito, la familia Nuñez de Cáceres y le llamó la atención el nombre de las niñas que iban con la citada familia y era Laura, por lo que acordaron ponerle ese nombre, naciendo con el la tradición de las Lauras en la familia.

 

Al nacer mi madre había un campanario en la parte alta de la casa, que usaban para tocar la campana, en algún asunto de importancia que quisieran comunicar a sus sirvientes. Tocándolo a todo vuelo para avisar del nacimiento de mi madre.

 

La Hacienda San José de la Loma, era de una extensión de 2,822-71.35 Has., de las cuales eran tierras de sembradura por agua rodada 691-14-08 Has., pues había una presa que siempre tenía agua, pues al lado de la hacienda pasa el río San Antonio y mas adelante en el rancho de Santa Cruz, de la misma, se une al río Purificación.

 

La casa donde nació mi madre, aún se conservan las ruinas quemadas cuando la revolución. En esa época, llegaron a San Francisco, otro de los ranchos que componían la hacienda, un grupo de revolucionarios, preguntando por el hijo del tal por cual de Don Pancho, los lugareños le indicaron que no se encontraba, pero que en la hacienda estaba un hijo de él, o sea mi tío Francisco, hermano menor de mi madre, los revolucionarios indicaron que al que iban a colgar era entonces a mi tío, pero uno de los sirvientes fieles, se fue por un atajo ha avisarle a mi tío, al llegar estaba cenando junto con el encargado de la administración llamado Serapio, que desgraciadamente no recuerdo su apellido, en la casa de la hacienda al fondo tenía una huerta de arboles frutales, al enterarse mi tío y su acompañante, dejaron de cenar y rápidamente se escondieron en la huerta, posteriormente llegaron los revoltosos y volaron la caja fuerte, pensando que había dinero, pero dadas las circunstancias por las que atravesaba el país, estaba vacía. A continuación, saquearon la tienda, que había pegada a la casa, el vino que encontraron se lo tomaron y ya medios borrachos, le prendieron fuego a la casa y tienda.

 

Todo esto mi tío y su acompañante lo estuvieron viendo, con tan buena suerte de que si alguno de los asaltantes, hubiera revisado la huerta los hubiera encontrado.

 

Ya empezaba a amanecer, cuando a lo lejos se oyeron los sonidos de los clarines, que eran de fuerzas federales que venían persiguiendo a los revolucionarios. Aún no amanecía cuando rápidamente emprendieron la retirada y al momento llegaron las fuerzas federales, saliendo mi tío y Serapio de la huerta y con el auxilio de la tropa, trataron de apagar el incendio que ya no fue posible.

 

Como se podrán dar cuenta, la vida de mi tío y su acompañante, estuvieron en un peligro muy grande, que Gracias a Dios, nada más fueron daños materiales los sufridos.

 

La hacienda estaba comunicada telefónicamente con una línea que partía de Victoria a Hidalgo; y comunicaba también con el Carmen de Benítez, la boca de don Francisco González, Adelaida, Santa En Gracia, Hacienda La Cruz de Don Francisco Martínez, la Hacienda La Loma y por último Hidalgo. La forma de comunicarse, era dando vuelta a una manivela que había en cada uno de los lugares y según fueran las vueltas, una, dos o más, era a donde se llamaba.

 

Cualquiera podía oír lo que se hablaba de un teléfono a otro; y cuentan que Don Francisco Martínez, que en su vejez quedó ciego y era uno de sus pasatiempos oir todas las comunicaciones.

 

El medio de transmisión era un alambre galvanizado del No. 10 o 12. Esta línea desapareció después de los repartos agrarios, pues los agraristas se quedaron con el alambre y le dieron otro uso.

 

La principal producción era maíz, también se sembraba frijol en menor escala, así como caña de azúcar, para fabricar piloncillo, que en esos tiempos era usado como endulzante, del río sacaban agua que era conducida por un acueducto inclinado, que terminaba en un molino de fierro, donde eran molidas las cañas, del aguamiel por medio de fuego, en ollas de cobre era calentado el mismo, produciendo el melado y por último ya mas elaborado, se dejaba en unos moldes, para después de enfriarse sacar el piloncillo. También se contaba con un poco de ganado vacuno, así como caprino y ovino.

 

Todo esto transcurrió del año de 1750 hasta el año de 1924, supo mi padre que sería repartida la hacienda y fue a hablar con el Lic. Emilio Portes Gil, Gobernador del Estado, el cual hipócritamente le dijo, en la entrevista que tuvo con él: "vete tranquilo Manuel, tu sabes que aunque parientes directos no somos, mi prima Eustolia estuvo casada con tu hermano Lucas y yo los veo como de la familia. Mi padre llegó muy tranquilo y le contó a mi madre lo  platicado; y ella le dijo: "no le creas al manchado", así le decían pues en un problema que había tenido en México, en Chapultepec, con el Gral. César López de Lara, el Gral. Luis Caballero y otros, en un forcejeo con una pistola, se disparó y la pólvora lo dejó manchado para toda su vida de la cara, "ya ves que es muy mentiroso". Mi padre la consoló y le indicó que él si creía lo que había dicho. Desgraciadamente al otro día en la mañana, telefónicamente le avisaron de la hacienda que se encontraba el gobernador Portes Gil haciendo el primer reparto, posteriormente habría otros y no nos pagaron nada de la deuda agraria.

 

Como dato complementario les diré, que los sirvientes de la hacienda, no querían que repartieran, les indicó Portes Gil, que si ellos no querían traería gente de otro lugar, le hicieron saber a mi papá y les indicó que aceptaran en caso de que hubiera reparto.

 

Transcurrieron varios años y en virtud de que la producción bajó mucho, vino una comisión de agraristas, para que volviera él a administrar, indicándoles mi padre que eso era imposible, eso a mí me consta, pues ya tenía uso de razón cuando sucedió y me di plena cuenta de ello.

 

Cuando la revolución, mi familia dejó la hacienda y entró en una sociedad mi abuelo, con Rafael Arce señor, que era muy amigo y tengo entendido habían llegado juntos de España, como él era muy alto - le decían el castaño- la sociedad se llamaba Arce y Zorrilla o a la inversa.

 

Al crecer la familia de mi abuelo Francisco, se vino a radicar a Victoria, para darles educación a sus hijos. Compró un terreno de XXXXXXXXXX mts. En la esquina suroeste de las calles 17 e Hidalgo, así como uno enfrente, lugar donde actualmente se encuentra el Casino y otro al lado sur por la calle 17, de la misma posición del de la esquina.

 

En el primero citado, edificó a principios de siglo o sea en 1901, una construcción de un solo piso, posteriormente, en el año de 1905, le agregaría el segundo piso, esta casa aún se conserva tal como fue construida, aunque un poco modernizada, actualmente en la esquina se encuentra el restaurant "La Tasca".

 

Mi abuelo a pesar de su posición económica y social prominente, era muy sencillo, usaba un paliacate de color como pañuelo y fumaba cigarros de hoja de maíz.

 

El principal material usado en esos años era el sillar; y un día estando revisando como iba la construcción, pasó una persona que vendía sillares, mi abuelo le preguntó cuanto valían, pero el vendedor al ver la forma tan sencilla de comportarse y vestirse, le dijo: "para que quieres saber el precio, pues ni los vas a usar", sin darse cuenta que era el dueño de la construcción.

 

 De mi bisabuelo Francisco Barquín, que como indico en párrafos anteriores se había venido a México abandonando a su familia, no se tenían noticias de él, hasta que un día supo mi abuelo que había muerto en un lugar de Veracruz, creo en alguna de las ciudades de ese estado hay descendientes de él apellidados Barquín.

 

Contaba mi madre, que un día en la mañana un niño Govela Zorrilla, primo mío, platicó que había soñado con un señor, por la descripción que de él daba, venía siendo nuestro tatarabuelo y le indicaba que en las ruinas de lo que había sido el Carmen, en una escalera y le indicaba toda clase de detalles, había un tesoro escondido, decía mi madre que mi primo, ni siquiera sabía como era su tatarabuelo, menos la situación de las ruinas del Carmen, a todos les dio miedo lo narrado por mi primo y no quisieron revisar el lugar por él descrito.

 

Pasados como 40 años de eso, sería como el año de 1950, Leopoldo Madrazo, radicado en Brownsville, Texas, casado con Herlinda Hernández, hermana de Albino, esposo de mi hermana Margarita, platicando con mi madre, le indicó que él era muy afecto a, por medio de un detector de metales, buscar tesoros. 

 

Fueron al lugar indicado por mi primo y después de un rato de buscar con el detector, les indicó que en ese lugar había algo, escarbó un peón que llevaban y se encontraron un cofre,  nada mas que al abrirlo estaba vacío.

 

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